Estar en el Amazonas es convivir directamente con la naturaleza. Es tener la oportunidad de conocer un río cuya anchura a veces lo hace parecer un mar, de adentrarse por las quebradas y escuchar el sonido de la selva, de observar la Victoria Regia, el loto más grande del mundo, y de admirar los famosos delfines rosados que acompañan las embarcaciones fluviales. Es, en fin, dejarse subrayar por un mundo que, sin conocerlo, resulta muy difícil de imaginar.
El Amazonas que, debido a su anchura parece más mar que río; la Victoria Regía, loto más grande del mundo cuyas hojas soportan el peso de un bebé; o los delfines rosados que si no asombran por su color, lo hacen por su inteligencia, son parte del embrujo que encierra la región amazónica colombiana.
Sus aguas de quebrada y caudalosos ríos, irrumpen de forma abrupta en el verde misterioso de sus terrenos, dejando escuchar el mensaje de una selva casi virgen, que por poseer una inmensa reserva ecológica y albergar muchas de las leyendas que todavía son inexplicables para la ciencia, ha sido honrada con el nombre de "Pulmón del Mundo".





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